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(Childhood)


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El Instituto de Deficientes Visuales de Beira fue el primer centro de educación adaptada para niños ciegos de Mozambique. Una iniciativa a la vanguardia de la integración social y educativa que sin embargo no ha logrado marcar un precedente.

Medio siglo tras su inauguración sigue siendo el único de todo el país y se mantiene abierto gracias a donaciones, ya que el soporte de las instituciones públicas no logra cubrir sus costes de mantenimiento. Actualmente el instituto atiende a poco más de cien alumnos, la mayoría de ellos con deficiencias visuales directamente relacionadas con la escasez de recursos y falta de servicios sanitarios en el país.

Mozambique tiene una de las rentas más bajas del mundo. Su índice de desarrollo humano se encuentra entre los diez últimos en los informes de las Naciones Unidas y los datos disponibles más recientes estiman una cifra que podría alcanzar los 200.000 casos de niños con problemas de visión.

Concretamente, la falta de vitamina A provocada por la malnutrición y el sarampión son las principales causas de ceguera infantil en Mozambique y, en conjunto, en el resto de los países en vías de desarrollo. Pero también cabe destacar el papel agravante de la falta de prevención. El desconocimiento general que tiene la sociedad sobre las enfermedades visuales contribuye a incrementar el número de afectados, como ocurrió en el caso de Antonio. Sus familiares le aplicaron unas plantas para aliviarle una aparente conjuntivitis y más tarde acudieron a que le tratase el curandero local. En última instancia, como la inflamación no mejoraba, acabaron visitando al médico en la consulta del hospital, pero ya era demasiado tarde para revertir el daño que los remedios tradicionales le habían provocado.

Además, muchas familias no saben cómo afrontar esta realidad desde el punto de vista social. Tradicionalmente era común esconder a los niños ciegos simplemente por vergüenza. Es ahora cuando la sociedad está empezando a caminar hacia la inclusión de los deficientes visuales. Aunque todavía falta mucho camino por recorrer. Según cuenta Batista, uno de los estudiantes más veteranos del instituto, muchos discapacitados visuales todavía viven situaciones de exclusión social. Es por este motivo por lo que ha decidido tomar cartas en el asunto. «Estoy dando los primeros pasos para crear una asociación de ayuda para aquellas personas ciegas que lo están pasando francamente mal. Ahora estoy ayudando a una mujer que se estaba prostituyendo para sacar adelante a sus hijos. Aquí no hay trabajo para mucha gente preparada, aún menos para los ciegos. Yo consigo algo de dinero con la venta ambulante cuando salgo del instituto por las tardes y también los fines de semana. Por ahora solo puedo ayudarla a ella con lo que gano, que no es mucho.»

En el instituto para deficientes visuales de Beira los estudiantes se preparan para enfrentarse a la vida con su discapacidad. No solo aprenden las materias habituales de la escuela, sino que también reciben lecciones para valerse con autonomía en el día a día, como por ejemplo la técnica para manejar el bastón y salir a la calle con seguridad.

Muchos de ellos también aprenden sobre convivencia y tareas domésticas. Aproximadamente la mitad de los estudiantes matriculados en el instituto son de fuera de la ciudad y viven internados durante todo el curso. Algunos incluso son de otras provincias, como Inés. Sus padres viven a 900 km de Beira, pero cuando supieron de la existencia del instituto decidieron internarla para que tuviese la oportunidad de estudiar y tener mejores perspectivas de futuro. Ahora comparte con los recién llegados todo lo que ha aprendido a lo largo de estos años, desde que llegó al centro. La transmisión de conocimientos entre generaciones de estudiantes es fundamental para su aprendizaje.

Por otro lado, la alfabetización en braille también resulta esencial para estos niños si quieren seguir formándose y trabajar en el futuro. Por este motivo la escuela se toma muy en serio en este asunto con los estudiantes de primer año. La falta de recursos disponibles ha sido compensada con una buena dosis de imaginación: hueveras vacías (de media docena) y unas chapas de refresco. Es así como los alumnos aprenden las posiciones del alfabeto en braille, mientras la tecnología se va abriendo paso en el programa educativo. La donación de unos pocos ordenadores ha hecho posible montar un aula de informática en el instituto, donde los alumnos de los cursos superiores están aprendiendo a navegar por la red utilizando un programa de asistencia por voz. La llegada de internet ha supuesto el acceso a una fuente inagotable de contenidos que antes no estaban a su alcance.

La era de la información está abriendo un nuevo camino hacia la integración de los disminuidos visuales. Gracias a la democratización del conocimiento podría conseguirse dar verdadero paso adelante para lograr que la educación inclusiva deje de ser una excepción, y alcanzar así unos de los grandes desafíos de los países en vías de desarrollo.